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APOSTOLOFF: portada
  • N° páginas : 338
  • Medidas: 130 x 190 mm.
  • Peso: gr
  • Encuadernación: Rústica
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APOSTOLOFF LEWITSCHAROFF,SIBYLLE

Seleccionada por "El País" entre los autores del año a descubrir en 2011.

Editorial:
Colección:
NARRATIVA
Materias:
NARRATIVA AUTORES EXTRANJEROS;
ISBN:
978-84-92857-29-6
EAN:
9788492857296
Precio:
16.83 €
Precio con IVA:
17.50 €

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Sinopsis

Sibylle Lewitscharoff, una de las grandes escritoras alemanas de la actualidad, explora la posibilidad de construir una identidad a través del abandono y el desarraigo y cuestiona el valor objetivo de la memoria como sustancia del yo, porque sumerge todo recuerdo en la duda. El lector quedará atrapado en una tragicomedia del odio, narrada por una misántropa del siglo XXI.

El libro en los medios

"Apostoloff" (Ed. Adriana Hidalgo) - El Confidencial, 7 junio 2014

11/06/2014

Nada escapa a la mirada de la viajera: ni lo nimio ni lo sublime, ni lo privado ni lo político, ni la chatarra poscomunista ni las felices promesas de la socialdemocracia. Sólo de vez en cuando la hermosura de algún rincón, como en el caso de la ciudad de Plovdiv, y la eficaz melancolía de Apostoloff, el chófer que guía a la viajera en su periplo, permiten a Lewitscharoff dar un respiro a su autopsia. El resto es un feroz ajuste de cuentas, una inmersión a pulmón libre en las aguas profundas del recuerdo, la literatura como la más profunda forma de la inmisericordia.

La escritora Sibylle Lewitscharof recibe el premio Georg Büchner (Adriana Hidalgo) La Razón, 4 junio 2013

04/06/2013

Sibylle Lewitscharoff, una de las grandes escritoras alemanas de la actualidad, explora la posibilidad de construir una identidad a través del abandono y el desarraigo y cuestiona el valor objetivo de la memoria como sustancia del yo, porque sumerge todo recuerdo en la duda. El lector quedará atrapado en una tragicomedia del odio, narrada por una misántropa del siglo XXI.

Sybille Lewitscharoff recibió el premio Heinrich von Kleist (Univision Noticias, 20 noviembre)

22/11/2011

"La escritora alemana, de origen búlgaron Sybille Lewitscharoff recibió hoy el premio Heinrich von Kleist, dotado con 20.000 euros (27.000 dólares), por su obra narrativa que incluye novelas como "Apostoloff", publicada en Argentina por Adriana Hidalgo Editores, o "Blumenberg"".

"Cruce de rutas literarias" (Babelia, 21 mayo)

23/05/2011

"En 1998 recibió el Premio Ingeborg Bachmann por Pong. Y Apostoloff (Adriana Hidalgo Editores) obtuvo el Premio de la Feria del Libro de Leipzig 2009. Traducción de News Clips". (El País, Babelia, 21 mayo)

Una conciencia desesperada (ADN-Cultura, La Nación, Buenos Aires)

25/02/2011

Con la excusa del entierro de su padre, la protagonista de Apostoloff, novela de la alemana Sibylle Lewitscharoff, realiza un despiadado viaje por Bulgaria ¿Cómo se puede ser búlgaro? Tal parece ser la incógnita que, parafraseando lo que dijo Montesquieu sobre los persas, tiene en vilo al personaje central de esta novela, una joven mujer alemana, ácida y mordaz, que viaja de Alemania a Bulgaria como parte de un extravagante cortejo fúnebre de trece limusinas. Lleva con ella los restos de su padre, quien integró un grupo de exiliados de los años cuarenta, que ahora, tras pasar a mejor vida, son enviados de regreso para que reciban sepultura en su tierra natal. El recorrido turístico que la mujer emprende tras cumplir con su objetivo, cuando sale a conocer los sitios más atractivos del interior de Bulgaria, desencadena una furiosa andanada de reproches contra la memoria de ese hombre, de esa figura oscura y al parecer indiferente, que según recuerda nada aportó a su vida, y que por si eso no bastara, se terminó suicidando cuando ella era sólo una niña. No es mucho más lo que deja la trama de Apostoloff, de la novelista alemana Sibylle Lewitscharoff, ella misma descendiente de búlgaros, que nació en Stuttgart y reside en Berlín. Pues lo que importa en este largo relato en primera persona no es la sucesión de anécdotas que va suscitando el recorrido, sus diferentes etapas, sus poblados distantes y sus ignotos parajes. Lo que cuenta son las sensaciones, los sentimientos y, en especial, los más bien pérfidos comentarios de la protagonista, cuyo nombre ignoramos. Lo que sí sabemos de entrada es que en este viaje, a la vez interior y exterior, la irascible narradora se desplaza por las rutas de Bulgaria con la sola compañía de su hermana mayor y de un guía del país, Rumen Apostoloff, que le da nombre a la novela y que se esfuerza a cada instante en destacar, sin el menor éxito pero con imbatible esmero, las bellezas y los valores de su querida tierra y de sus nobles habitantes. Ella, en cambio, lo ve todo con infalible pesimismo, lo tiñe todo con un halo de desprecio, sin un solo rasgo de compasión ni de aislada placidez. Pasea su mirada despectiva sobre la gente y los lugares, y va lanzando sarcasmos agresivos y demoledores a los oídos de sus compañeros de viaje, aun cuando en los mejores días su estado de ánimo podría ayudarla a traspasar las tinieblas del rencor. "Hoy estoy de mejor humor, hoy me sienta bien que me paseen en auto. Y estoy contenta de ir en el asiento trasero, porque desde atrás puedo esparcir mejor mi veneno", resume la protagonista con su habitual mordacidad de serpiente, no mucho después de haber comenzado su nada grato itinerario. Desde esa visión distorsionada por el recuerdo de su padre, ningún castillo, museo o cadena de montañas logrará su visto bueno. Bulgaria será un escenario lúgubre, una nación grisácea y decadente que según la narradora nunca se recuperó de los estragos de la era comunista, y que ahora sólo visitan "idiotas como nosotros [...] o esos románticos empedernidos nostálgicos del mundo socialista que saludan cualquier chapa carcomida por el óxido con una fina y sabionda emoción". La novela va llevando al lector a través de los caminos y, mediante una rápida y deshilvanada sucesión de reflexiones, a través de la lucha de una mujer consigo misma y con sus fantasmas de la infancia, mal que les pese a Bulgaria y a los búlgaros, blancos inocentes de una conciencia desesperada. Ramiro Pellet Lastra

Apostoloff (Adriana Hidalgo editora) recomendada por Francisco Solano (Babelia)

04/12/2010

Es una satisfacción leer un libro excelente de un autor del que apenas sabemos nada. Y si en él se refleja la confrontación crítica, e incluso mordaz, contra las determinaciones biográficas, la lectura puede ser vertiginosa. Sibylle Lewitscharoff, nacida en Stuttgart en 1954, de ascendencia búlgara, obtuvo en 1998 el prestigioso premio Ingeborg Bachmann, y que sepamos Apostoloff, publicada el año pasado en Alemania, es la única obra suya traducida al castellano. Estructurada como una road movie, narra el viaje por el centro de Europa de dos hermanas, acompañadas por un conductor búlgaro, en un falso recorrido turístico cuyo fin, paradójicamente, es visitar Bulgaria para confirmar su aborrecimiento al país y a la memoria, ya muy tenue -se suicidó cuando ellas eran unas niñas-, de su padre: "El odio al padre y el odio al país se amalgaman, y sólo a fuerza de tenacidad se los puede mantener hirviendo a fuego lento". La arremetida de Lewitscharoff contra la identidad, a través de su narradora, resulta saludablemente impiadosa y oxigenada. Adopta la negatividad para resarcirse de las imposiciones biológicas, políticas, psicológicas, regenerando, sin pastiches morales, el poder lenitivo del odio. Pero no lanza diatribas para descargar un peso muerto. Nada permite sospechar que la narradora, impermeable a la bondad asimilada de su hermana, se deje llevar, a la manera de Cioran o Thomas Bernhard, por la retórica de la transgresión; al contrario, sirviéndose de una sagaz y desprejuiciada inteligencia, sus observaciones y dictámenes revelan hasta qué punto, por ejemplo, una vestimenta deplorable convierte a las mujeres en putas y en brutales a los hombres, sin que ellos adviertan que así lo impone la psicosis de la clase dominante. Y, de igual modo, cuestiona que la memoria sea un lugar de conciliación y no un espacio arbitrario, una mascarada habitada con nociones tan vagarosas como patria, familia o consanguinidad. Lewitscharoff parece desalojar con esta novela la tradicional construcción del yo, a la vez que invita al lector a percibir la liberadora visión de esa ruina.