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TRATADO DEL BUEN USO DEL VINO: portada
  • N° páginas : 168
  • Medidas: 140 x 220 mm.
  • Peso: gr
  • Encuadernación: Cartoné
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TRATADO DEL BUEN USO DEL VINO RABELAIS,FRANÇOIS

Se trata, en definitiva, de dos obras fascinantes y esenciales para el lector moderno que vienen a colmar una laguna en el conocimiento de la faceta más íntima del autor de Gargantúa y Pantagruel.

Editorial:
Traductor:
Julieta Lionetti
Colección:
VARIOS
Materias:
ENSAYO;
ISBN:
978-84-96614-71-0
EAN:
9788496614710
Precio:
17.21 €
Precio con IVA:
17.90 €

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Sinopsis

Editorial Melusina tiene el placer de publicar por primera vez en lengua española dos obras inéditas de François Rabelais no exentas de polémica entre los entendidos y eruditos de este autor clásico. El Tratado sobre el buen uso del vino es una primicia mundial que aparece a la vez que se edita por primera vez en francés en una cuidada edición a cargo de la prestigiosa editorial Allia. Se trata de un extraño texto emparentado con nuestro Libro del buen amor, del que sólo se conserva la edición medieval en checo rescatada por la editorial Volvox Globator en 1995. Este opúsculo ensalza las virtudes de este notabilísimo psicotrópico que las gentes del Mediterráneo elaboramos y consumimos desde hace miles de años para buen provecho de nuestras sociedades y nuestros espíritus. Los sueños raríficos de Pantagruel son una serie de imágenes inquietantes que han inspirado a numerosos pintores y poetas a lo largo de los siglos y cuya autoría sigue siendo un misterio sujeto a un dédalo de estériles debates.

Autor: RABELAIS, FRANÇOIS

RABELAIS, FRANÇOIS

Chinon, 1494 - Maudon, 1553 Escritor francés que, a través de una obra tremendamente satírica donde se subraya ante todo la libertad individual y el entusiasmo por el conocimiento y la vida, expresa con vigor el humanismo renacentista. Rabelais nació en la región de Turena. Su padre, Antoine Rabelais, señor de Lerné, era un próspero abogado de Chinon. Según las crónicas, el joven Rabelais comenzó sus estudios en la abadía benedictina de Seuilly. Después se ordenó fraile franciscano en Fontenay-le-Comte, pero abandonó la orden porque le confiscaron sus libros de griego y volvió con los benedictinos. Amplió sus estudios en varias universidades, entre las que figuran las de París y Montpellier; se trasladó a Lyon, un importante centro intelectual de la época, donde practicó la medicina y publicó una reedición de los Aforismos del médico de la antigüedad griega Hipócrates. Al mismo tiempo, expresó su sentido del humor escribiendo almanaques populares sobre Astrología. Pantagruel (1532), la primera gran obra de Rabelais, narra la vida de un joven gigante dotado de una fuerza increíble y un apetito voraz. Esta obra tiene su origen en un texto anónimo de la época titulado Las grandes e inestimables crónicas del gran gigante Gargantúa. En 1534 Rabelais publicó La vida inestimable del gran Gargantúa, la historia del padre de Pantagruel. Estos dos libros, publicados bajo el seudónimo de Alcofribas Nasier, tuvieron un éxito prodigioso, si bien fueron condenados por la Sorbona por obscenos y heréticos. Tras realizar dos viajes a Italia, Rabelais residió y dio clases en Montpellier. En 1540 se trasladó a París. Allí escribió el tercer libro de la serie. Francisco I, que leyó los dos primeros libros, quedó tan complacido que concedió a Rabelais el permiso para la publicación del Libro III, que vio la luz en 1546. El Libro IV se publicó en 1552. En 1547 murió Francisco I y de inmediato se produjo una reacción en contra de la libertad de expresión. Rabelais huyó a Metz y más tarde a Roma. A continuación fue nombrado coadjutor de Meudon, donde pasó tranquilamente el resto de su vida. Rabelais falleció, probablemente el 9 de abril de 1553, en París. En Gargantúa y Pantagruel el humor se mezcla con la sátira social y política y la sabiduría pedagógica. Rabelais no era ni un bufón borrachín ni un filósofo, como cuentan algunas leyendas, sino un genio que, como el escritor inglés del siglo XVIII Jonathan Swift, expresó en tono satírico las preocupaciones políticas y filosóficas de sus contemporáneos. Por su espíritu humanista, sus críticas a la superstición y su confianza en la naturaleza se le relaciona con Erasmo.